domingo, 9 de septiembre de 2012

Mi canción para Daniel

Los personajes de mi infancia, en la tuya, a través de las manos de artista de tu padre, en la pared de tu habitación.

Mi canción para Daniel



Peter Pan y Wendy, Peter Pan y Wendy, Campanilla y Daniel.
Peter Pan y Wendy, Peter Pan y Wendy, Campanilla y Daniel.

Una historia linda, una historia bella, que marcó mi infancia y mi imaginación, y al pasar los años, con manos de artista, te pintó tu padre en tu habitación.
Velarán tus sueños, volarán contigo, estarán presentes en tu evolución, y al final del sueño, cuando hayas crecido, seguirás con ellos en tu habitación.

Peter Pan y Wendy, Peter Pan y Wendy, Campanilla y Daniel.
Peter Pan y Wendy, Peter Pan y Wendy, Campanilla y Daniel.

Todas las mañanas, cuando te despiertas, miras los dibujos que papá pintó,
cojo tu manita, vamos junto a ellos y los dos reímos señalándolos.
Cuando pase el tiempo, y ya no esté contigo, y a tus hijos duermas con esta canción, recuerda mi niño, que con gran cariño, fue tu abuelita quién te la escribió.

Peter Pan y Wendy, Peter Pan y Wendy, Campanilla y Daniel.
Peter Pan y Wendy, Peter Pan y Wendy, Campanilla y Daniel.

           
Abuelita Maribel  16 de Junio de 2012

sábado, 4 de febrero de 2012

El fuego y el viento

Hola amigo Miguel

Disculpa la familiaridad con que encabezo estas líneas ya que solamente nos hemos visto dos veces, pero como verás más adelante, para mí y mi familia eres alguien especial.  Soy ama de casa por vocación. Durante la mitad de mi vida, he vivido con mi marido y mi hijo en un piso modelado con amor, lleno de recuerdos y vivencias conseguidas con el tiempo, cosas hechas por nosotros que me han colmado de orgullo, mis libros, mi gran biblioteca que empecé a recopilar desde los comienzos de mi adolescencia, aquellos Dickens, London, Verne, Twain, Kipling, Defoe, Poe, que abrieron el camino a mi imaginación seguidos de todos los demás, desde Tolstoy a Cervantes, Víctor Hugo, Pío Baroja, Zola o Pérez Reverte. Mis películas, que grabé con dedicación, adornándolas con música inolvidable y que constituían lo más preciado para mí, las imágenes, las voces, las historias irrepetibles de mis padres y mi familia, en maravillosas  playas, en sendas y veredas a través de las montañas holladas a fuerza de bota, cachaba y mochila, y las huellas de nuestros esquís sobre la nieve virgen en aquellos inviernos lejanos. Mis cuadros, los soberbios dibujos de mi padre, los óleos de mi hermano, mis plumillas, que me costaron tanto tiempo y trabajo, y sobre todo, mis fotos. Mis fotos eran el espejo donde tenía reflejada toda mi vida.  Mi infancia, mi adolescencia, los primeros momentos de mi noviazgo, recién salida de los dieciséis, mi álbum de boda, el viaje de novios, el nacimiento de mi hijo, sus cumpleaños, nuestros viajes, las excursiones en familia, las Navidades, los Reyes Magos, todos y cada uno de los recuerdos de una vida plena en treinta y siete álbumes de fotografías con fechas, anécdotas y recortes que hacían de cada uno una pequeña obra de arte, para mí de un incalculable valor sentimental. Siempre pensé que en caso de un incendio en mi casa, lo primero que intentaría salvar, serían mis fotos. Pasada la primera mitad de mi vida, en ese maravilloso hogar, arrancamos poco a poco nuestras raíces para trasladarlas junto con todos nuestros recuerdos y pertenencias a una auténtica Tierra Prometida, ese lugar con el que soñamos toda la vida y que nunca creímos poder conseguir. La casa situada en el más hermoso de los parajes, rodeada de bosques, con todas nuestras cercanas montañas haciendo frente al horizonte, desde Peña Cabarga por el este, Peña Pelada, Peña Herrera, El Risco de la Calavera, Porracolina, Castro Valnera, hasta el sagrado Monte Dobra por el oeste, y a nuestros pies, el gran valle de Parbayón, con sus casas, su iglesia y sus campanas. Con nuestras raíces de nuevo asentadas y todos nuestros recuerdos y vivencias ocupando el lugar correspondiente en la nueva casa, después de nueve años de esfuerzo, trabajo e ilusión, cuando ya casi no quedaba nada por hacer, sinó contemplar con orgullo el resultado de nuestra labor realizada con tanto amor, una noche de Diciembre, en unos pocos minutos,  ocurrió. Fuego y viento se unieron y de repente, ante mí, ví arder mi casa,  ví arder mi hogar, y ví convertirse en humo todos mis sueños. Y ahí entras tú, amigo Miguel. Al día siguiente, con todo el dolor, en el alma, mi marido y mi hijo, entre el amasijo de escombros humeantes, con su trabajo de años hecho cenizas a sus pies, esperaban a la persona que había de tasar nuestros sueños perdidos. Y no fuiste un funcionario frío y anónimo. Fuiste humano. Allanaste nuestro camino amablemente, entendiste nuestro dolor, nos comentaste tu propia experiencia de adolescente en el incendio de tu casa y dejaste muy alto el lugar que ocupas en tu profesión. Hoy, un año después de aquel día cruel, nuestra casa, como el Ave Fénix, ha resurgido de sus cenizas y luce de nuevo esplendorosa.   Es también, tu casa.

Santander 13 de diciembre de 2006
           María Isabel Pérez

A mis amigos José y Olga


Carta para José y Olga  3 de Abril de 1998


sábado, 21 de enero de 2012

Para Beatriz

Dedicado a mi vecinita Beatriz en el día de su boda
30 de Julio de 1994 Isabel Pérez López

El mar, la mar, mi Mar

Dedicado a Marimar y Toño en el día de su boda
26 de Julio de 2003  María Isabel Pérez López

Dedicado a Marinieves e Iván


Para Marinieves e Iván en el día de su boda
28 de Junio de 1998 Maria Isabel Pérez López